No pude dormir hoy. Podría haber sido por la traumática alarma de incendio que sonó a la 1:13 de la mañana, despertando a todos los residentes de un dormitorio de siete pisos y obligándonos a salir a la calle. Pero poco a poco me estoy acostumbrando a este estilo de vida en UCLA que parece requerir evacuaciones regulares. Tal vez sea una tradición aquí, en la querida habitación de Hedrick Hall.

Estoy mintiendo. Es horrible.

El hecho de que ni siquiera pueda recordar cuántas veces he tenido que despertar y salir de mi habitación para esperar afuera en el frío me frustra muchísimo. Y no solo a mí, sino a todos los que vivimos en Hedrick Hall.

Al regresar a mi cama, tenía pensamientos tan intensos que no me dejaban dormir, lo que me frustraba aún más. Era como un cíclo vicioso: quería dormir, no podía dormir, me enojaba conmigo misma, me llegaba mas pensamientos a la mente… y volvía a lo mismo.

Pero hoy me di cuenta de algo: tal vez Dios no me dejó dormir anoche porque necesitaba entender que mis pensamientos son muy poderosos.

Cuando me siento estresada, me pierdo en mis pensamientos. Siempre planeando el futuro. Pensando en donde voy a trabajr, que carrera quiero, qué voy a comer, cómo me voy a educar, donde voy a vivir… y la lista es interminable.

Pero este tipo de sobrepensar es inútil. Al final del día, solo hace que una persona se sienta ansiosa y débil. Porque en realidad estoy tratando de hacer lo imposible: garantizar mi futuro.

He aprendido que en vez de pensar solo en mi y en lo que yo quiero lograr, tambien debo pensar en los demás. En otras palabras, no estoy priorizando una de las necesidades humanas más importantes: servir a los demás.

Si nos ponemos a pensar en la enormidad de este mundo, nos damos cuenta de que la vida es mucho más de lo que uno puede imaginar.

¿Por qué?

Porque esta vida no se trata solo de nosotros mismos, sino de la gente que nos rodea. Entonces, para vivir plenamente, uno tiene que encontrar la manera de contribuir a las vidas de otros.

Sí, cuidarte es una forma de beneficiar a otros. Arreglarte, verte bien, echarte perfume y vestirte con intención — todo eso también puede ser un regalo para quienes te rodean. Pero si centras todos tus pensamientos en ti, no alcanzarás una vida plena. Es más, al final del día te sentirás vacía y con hambre de conexión.

La conexión humana es un intercambio entre dos personas. Tengo mucho más que decir sobre la conexión, pero lo guardaré para el próximo post para no hacer este demasiado largo.

Mi punto es que la vida debe compartirse. No hay otra forma de vivirla. El servicio a los demás es una necesidad humana. Y el primer paso para cumplir esta necesidad tan profunda es comprender que dependes de otras personas. Pueden ser tus papas, tus amigos, o tu pareja. De cualquier manera, dependes de ellos en distintas maneras.

Y cuando te das cuenta de eso, se vuelve mucho más fácil crear relaciones sanas con otros. Porque cuando tu eres proveedor de risas, de amor, de protección, de apoyo… de lo que sea, te sientes como una persona importante. Te sientes con un proposito. Entonces yo creo que si te sientes perdido o sin animo, piensa en lo que tu puedes hacer para las personas importantes en tu vida. Porque tu propósito como ser humano, —vuelvo a repetir— se basa en sirviendo a los demás.

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